12 enero 2014

No puedo vivir sin móvil

Uno de los inventos que más nos ha tranquilizado a los padres, sobre todo cuando los hijos son adolescentes, es el teléfono móvil. Ahí es nada, tenerlos más o menos controlados. Porque está muy bien eso de que a los hijos hay que darles raíces y alas, pero nadie nos quita la preocupación de adónde estarán volando.
En el año 2012 se vendieron 1.300 millones de celulares en todo el mundo. En la calle, en la carretera, en otros países, localizamos y nos localizan.
Hay un suceso que ocurrio en Lepe, el que a un difunto lo entierran con su móvil, su objeto más querido. Los familiares no pueden resistirse a llamarlo esa noche pero, cuando oye que descuelgan, cuelga. No quiere, al final, hablar con el Infierno.
Las nuevas generaciones no conciben la vida sin móvil. El nieto de un conocido mío, cuando el le decía que en sus tiempos mozos no existía la tele, le dijo:-  “Pero móvil, sí ¿verdad?”. Incluso la palabra “móvil” ya casi no designa otra cosa que este aparato pequeño y manejable.
Y poco a poco este artefacto seductor, que nos facilita la vida, va sutilmente tornándose una parte de nosotros, una prolongación de la mano, un apéndice más, imprescindible e irrenunciable. No pensamos que está loco el que habla solo por la calle. Todo lo contrario, el bicho raro es el que no tiene móvil.
Cuando salimos de casa y, por un olvido imperdonable, nos lo dejamos atrás, nos entra como una penita por dentro, tal como si nos faltara una pierna. Hay gente incluso que siente que vibra en el bolso aunque no lo tenga. ¿Nos estará el móvil volviendo paranoicos? ¿Se estará transformando de servidor en amo y señor?
El otro día oí por la radio que el 47% de las personas usa el móvil para ligar ¿Y si se nos olvida ligar de verdad, con palabras pero también con miradas, guiños, un toquecito por aquí y otro por allá, es decir, ligar en persona?
Tal vez sería bueno para nuestra salud mental y nuestra independencia personal probar a ver si somos capaces de estar una semana sin móvil. Bueno, o un fin de semana. O un día.
O tal vez esta fiebre pasará y los nietos de mis nietos usarán el estilo retro y ligaran como los radio aficcionados?
En fin, hay gente enganchada, tanto que escriben las entradas del blog con el tablet, lo mismo que el móvil pero mss grandote.

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